Aquella mañana del viernes me desperté con una ensalada rusa en la cabeza, una cantidad de sentimientos rebanados en cuadritos, revueltos con recuerdos borrosos y un aderezo concentrado de culpa que amalgamaba bastante bien ese dolor de cabeza y esa sensación de respirar con dificultad.Lo peor de todo es que no tenía motivos para sentirme así. Sí, es cierto, me fui con unos amigos de farra desde el mediodía del jueves, nos tomamos las vodkas que debíamos y las que pudimos, fumamos hasta la asfixia, pero fueron unas 12 horas tranquilas, sin inventos ni desgastes, digamos que la suma de las vodkas fue inversamente proporcional al nivel de desnalgue que hubiera podido patrocinar 10 o 15 años atrás.
Es allí donde te das cuenta que haz cambiado, entiendes que más allá de tu nueva forma de vestir, del cabello donado a las burlas de tus amigos, de esta barriga de tres meses que nunca baja y de esta creciente capacidad de hablar de temas cada vez más profundos, lo que te define, cada vez más como un señor y menos como un chamo, es tu incapacidad de enfrentar un buen ratón.
Recuerdo que a los veintipico cenaba perro caliente con ron y desayunaba arepa con cerveza y todo bien!!!. Si salía y me pasaba de tragos, al día siguiente estaba parado a las 8, herido, pero vivo. Hoy te tomas cuatro whiskeys 18 años y al día siguiente eres una contestadota telefónica, “Hola, soy Juaquín, por favor deja tu mensaje después del tono, gracias”.
En medio de estas reminiscencias post-etílicas hacen sus apariciones una cantidad de fantasmas que vuelven a recordarte que ya no tienes veintipico. El temido Parus Cardíacus, el silente Hipertensus y el infaltable para los fumadores: Efisemus. De repente, tu vida se vuelve excesivamente vulnerable y tu tranquilidad tiende a depender de lo que dicen los comerciales de omega 3 o tu primo médico, que nunca tomó ni vino pasita.
¿Cáncer?, a los veintipico ese era un signo zodiacal que te decía que la carajita con la que ibas a salir era sensible, llorona y lunática, así que tú enfilabas la artillería hacia una noche viendo Ghost en el autocine El Cafetal con un jeep descapotado. Quince años después la misma palabra significa “pilas, que te estoy observando mamarracho”. Y no es que sea hipocondríaco, que lo soy, pero es que dos días de ratón ponen a pensar a cualquiera.
Allí sumergido entre la resaca y la culpa no entendida, me dí cuenta que el alcohol es mi 0800-PASADO, sí, mi línea directa y gratuita a mantenerme ligado a recuerdos y costumbres que ya no tienen cabida en lo que soy hoy.
Y no son los famosos “¿Te acuerdas cuando…?, qué bolas aquella vez…!!!” que todo borracho respetable debe tener en su discurso después del quinto whisky, es una necesidad masoquista de tratar de ser el mismo de los veintipico con 15 años más a cuestas, es tratar de traer al presente la esencia de lo que una vez fui, disfruté, exprimí y superé. He allí el ratón. Realidades enfrentadas.
Mi famoso ratón es el hijo legítimo de una relación morbosa entre lo que era y lo que soy, bastardo e hijo único egoísta que no quiere entregarse al presente, pero se niega a regresar al pasado. Pasado que se niega a morir y presente que necesita crecer. Dos tiempos que se deben el uno al otro, pero que no deben vivir juntos, sino ser consecutivos.
Quien camina viendo hacia atrás no se da cuenta de lo que tiene en frente y quien camina de frente sin saber de dónde vino, lo más seguro que nunca sepa hacia dónde va.
Es allí donde, tabulando que debería tener más peso en mi vida, comprendí que ya sumo 40 años de pasado y sólo unos segundos de presente, tan delicados, que al terminar de escribir esta frase, ya también se habrán vuelto pasado. Comprendí que el señor pasado, con su porte hipócrita de compañero incondicional no se resigna a dejarme ir. Pasado que una vez fue presente y por negarse a quedar caduco, se quiere quedar egoístamente quitándole su tiempo a otro tiempo.
Pasado de personalidades múltiples, que cambia de nombre y se va por la ramas para tratar de quedarse para siempre. Experiencia, nostalgia, aprendizaje, recuerdos, todos son las trampas que el pasado tiende para mantenerse latente en un tiempo que no le corresponde.
Pero descubrí tu trampa, se te cayó la máscara y ahora quedaste a mis expensas. No te quiero en mi vida más que como referencia y puerta de salida; y si el alcohol era tu aliado, ahora sólo servirá de velo momentáneo mientras el whisky pasa su efecto, mientras el mareo se desvanece en mi conciencia, mientras que vivo lo que estoy haciendo y no lo hice.
Pero no más, ningún otro ratón llevará tu nombre.
Hip...
1 comentario:
Entiende que el pasado es una droga mucho más fuerte que cualquier otra, porque los recuerdos generan una sustancia llamada dopamina que te causa satisfacción y euforia y que su fortaleza radica en utilizar drogas sociales o no para abrir el resquicio a su necesidad de estar en tu presente, porque tu subconciente maneja vivencias del pasado que generan esa dopamina que requiere liberarse ante tanta razón controlada por los pensamientos ordenados del hipocampo...la razón por la cual no padeciamos este mal a los ticinco era porque no teníamos pasado en nuestros registros mentales, éramos una tabla rasa grabando recuerdos adolescentes, por lo que los ratones de al día siguiente eran químicos y no psíquicos, no tenías patrones de comparación, apenas los estabas creando...creando con una juventud única en su momento, generando dopamina como loco por cada sinapsis de experiencia vivida y que ahora y siempre, leelo bien siempre querrás vivir, solo que tiene un enemigo imprescindible, la edad y es a lo que tu te refieres con lo que ya no puede ser jamás igual, porque no solo cambias físcamente sino también psicológicamente, quizás enredo, pero la solución está en generar nuevas sinapsis dopamínicas cuarentonas que sustituyan esas de los ticinco, de lo contrario estás destinado tarde o temprano a dejar salir tu subconciente y él hará de ti que recaidas al pasado.TU RIN
Publicar un comentario